Más allá de las habituales críticas relacionadas con la nueva normativa, la inminente temporada de F1 de 2026 está sacando a la luz un problema cada vez más grave: la creciente toxicidad de una parte de la afición en las redes sociales. Lo que debería haber sido un periodo de entusiasmo por el regreso de Alpine a la competitividad – con la escudería francesa habiéndose posicionado en quinto lugar –, se ha convertido en una plataforma para amenazas de muerte y teorías de la conspiración.
