La Fórmula 1 se vio obligada a cancelar los dos Grandes Premios programados en Oriente Medio. Su sustitución resultó logísticamente inviable, principalmente porque gran parte de las infraestructuras móviles necesarias para los eventos había permanecido en Bahréin tras las sesiones de pruebas, a la espera de un posible regreso. Esta situación también puso de manifiesto las estrictas limitaciones impuestas por el tope presupuestario: los equipos, al planificar y optimizar el calendario con mucha antelación, deben tener muy en cuenta los costes prohibitivos asociados al desplazamiento de toneladas de equipamiento.
