El Gran Premio de Japón estuvo fuertemente condicionado por la aparición del Coche de Seguridad, afectando directamente la estrategia y el desempeño de los dos pilotos de Racing Bulls. Desde el muro de boxes de Liam Lawson, se supo aprovechar la oportunidad de manera magistral: realizaron una parada para montar neumáticos duros, lo que le permitió al neozelandés una notable remontada desde la 14ª posición de partida hasta un meritorio noveno puesto.
Sin embargo, la carrera en Suzuka también puso de manifiesto las bien conocidas dificultades para adelantar en este circuito, haciendo que las decisiones tomadas bajo el Safety Car fueran aún más críticas para el resultado final. Mientras el lado del garaje de Lawson encontró en esta situación una ‘alegría’ estratégica, la complejidad de las maniobras de adelantamiento representa un ‘dolor’ constante para todos los equipos en esta pista.
