Gracias a los numerosos abandonos, el Gran Premio de China brindó a Williams un resultado que, en la víspera, parecía casi inalcanzable: un noveno puesto de oro tanto para la clasificación del campeonato mundial como para la moral del equipo. El protagonista indiscutible fue Carlos Sainz, quien supo transformar una carrera plagada de dificultades técnicas en una verdadera obra maestra de oportunismo y estrategia.
